Prólogo







Liss Saint, una mujer de veintinueve años, de culo firme y gomas que ya se las quisiera cualquiera, con carácter decidido y con muchas ambiciones, todo eso escondido detrás de ese delicado nombre, Liss Saint. Hija de Louis Saint, gerente general de INK, constructora internacional de edificios corporativos, magnate en las consultorías y un innato Casanova. Liss Saint, era sin lugar a dudas, una manera diplomática y autorizada de llamarse malcriada.
No habían siquiera pasado las ocho de la mañana y ambos, luego de un acalorado despertar, el sin sus bóxer y ella con su camiseta, vaciaron la hielera para darse al desayuno. Elroy, aun cuando bebía leche fresca directamente de la caja, no dejaba de mirar con brega las ubres abultadas de Liss, consintiendo a aquel vitalicio deseo de mamar que tanto disfrutaba. Sin recordar el sabor inmejorable de la leche recién exprimida de una mujer, intentaba imitarla con la leche pasteurizada que succionaba de la botella.
Encuentro injusta esta situación, yo fantaseo con tus tetas mientras bebo leche sin lactosa y tú te concentras en tu tostada revisando el e-mail en tu teléfono. sin ninguna intención de excitarla con tan poco elaborado comentario, al menos pensaba en hacerla reaccionar, a lo que ella contestaba con un tiernucho ahá.
¿Qué podía haber más desalentador que eso? Quizá el hecho de que no podía dejar de mirarle los faroles.
¿Será que estás viéndome desnudo con alguna aplicación?
Estás desnudo, Elroy. respondió con frígida calma aquella congelada fiera sin sacar la vista de la pantalla.
¿Tanto podía dañarse una relación en solo tres años? ¿O el exceso de polvos había alisado los engranajes? Entiéndase como engranajes a aquellas sensibles partes que en el mejor de los casos pueden hacer feliz a una mujer, bueno, mientras sepa el macho lo que necesita una chica.
Un intento más por llamar su atención, ¿valdría la pena?, si ni la obvia belleza de sus senos la había conmovido, ni la posibilidad de espiar la conocida desnudez de su novio había hecho a Liss desviar la mirada, seguramente los labios resecos, las venas violeta en las piernas y la verruga en medio del pecho de la madre de Elroy podrían desconcentrarla.
Mi madre quiere ayudarte con la recepción.- y bingo! La pobre mirada de la exhausta Liss cayeron como mierda de paloma en la cara irónica de Elroy. Y que usual reacción, aunque cada vez era más intensa, no podía esperarse una mejor.
Deja de meterla en mis asuntos, no voy a aceptar su…ayuda. reclamó Liss una vez que hubo llenado su boca con queso asado. No creo que tu madre sea una buena anfitriona, es mi fiesta, mis órdenes, mis invitados.
Siempre te has quejado de mi madre, no me importa de quien sea la fiesta, sólo quiero divertirme.- el gesto apacible de Elroy transformaban a Liss en una especie de fiera. Además, si ella dirigiera el evento, tú podrías olvidarte de la atención.
No quiero olvidarme de nada, si ella se encarga incluso de reponer los rollos de papel para tu culo, entorpecerá mi organización. Y hasta ese inocente rollo de papel es importante para que esta noche sea ideal – tanto podía llegar a emputecerse con la tan sola presencia de esa vieja casquivana que prefería dejar las cosas así de claras- y tu no vas a arruinarme nada con tu habitual estado de ebriedad, ¿o sí?
A lo sumo me cogeré a tu supervisora, pero eso te sería de gran ayuda…asenso. con tan solo mencionarle esa posibilidad que la traía lamiendo zapatos y algo más por casi seis años, su docilidad parecía salirse de sus poros. Y no creas que no puedo ser el hombre más irresistible, solo bastará que ella también esté incurablemente borracha.
Si quieres que te lleve conmigo, date una ducha y cierra tus dos picos. aun si conservaba la delicadez de llamarle pico a aquella sabrosa fuente de vida, a la que algún día llamó mascota de alquiler. No olvides llevar tu teléfono, alguien puede llamar por el aviso.
Hace tres meses está ahí colgado y solo un par de estudiantes con cara de pasta se han atrevido a preguntar, quizá deberíamos ocupar esa habitación con un bebé. con toda hombría había citado a la unión de ambos sin preservativo, pero todo eso sin mirarle a la cara y oculto tras la puerta del refrigerador.
El día en que nazca un bebé tuyo, Elroy, la iglesia mandará a sus misioneros a cazar al hijo de Satán.
Satán es ardiente, ¿o no?
Satán es un idiota.
Permítanme diferir. la voz ronca y amarga de un extraño ingresando por la puerta entreabierta del comedor enlazó a ambas miradas con sus ojos oscuros. Medía cerca del metro ochenta y llevaba jeans gastados y remera negra ceñida al cuerpo, los brazos contorneados y firmes llenaban con gloria las mangas y sus pies descalzos se apoyaban firmes al suelo. Su cabello era negro y una mecha blanca salía por encima de su frente. La mirada excesivamente oscura causaba mas placer que extrañeza, y los tatuajes sobresalientes en su cuello pintaban filosas cuchillas en su piel.  Me llamo Zack, la puerta estaba abierta… y a todo esto, vengo por el anuncio. ¿Los espero que se vistan?
Las miradas absortas de ambos convivientes no dieron respuesta, mientras a través de los ojos del alquilador lucían latentes y feroces las partes calientes de ambos cuerpos.


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